The Power of Productivity
William W. Lewis · 2004
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Durante años, la explicación estándar de por qué unos países son ricos y otros pobres giró en torno al capital: si un país pobre recibiera suficiente inversión, educación y estabilidad macroeconómica, terminaría convergiendo con los ricos. William Lewis, que dirigió durante más de una década los estudios del McKinsey Global Institute, se propuso poner esa explicación a prueba con datos duros de trece países. Y la respuesta que encontró desarma buena parte del sentido común sobre desarrollo económico.
Por qué lo recomienda Marc Andreessen
No encontramos una cita puntual de Andreessen explicando línea por línea por qué recomienda este libro específico: aparece agregado entre sus lecturas recomendadas de economía y crecimiento, sin el comentario extenso que sí dejó sobre otros títulos de su lista. La conexión temática, en cambio, es directa y consistente con el resto de su pensamiento público: Andreessen viene insistiendo hace años, en ensayos como su “Manifiesto Techno-Optimista” y en piezas como “It’s Time to Build”, en que la productividad —no la redistribución ni el ajuste macro— es la variable que explica el progreso material de una sociedad. The Power of Productivity es, en ese sentido, el respaldo empírico y académico de una intuición que Andreessen repite en su propio terreno, el de la tecnología y las startups.
De qué trata
Lewis y su equipo de McKinsey compararon la productividad real, planta por planta y sector por sector, entre Estados Unidos, Japón, Alemania, Brasil, India, Rusia y otros países, yendo desde fabricantes de autos de última generación hasta puestos callejeros informales. La conclusión central es incómoda para varios consensos políticos: ni el capital, ni la educación, ni la flexibilidad cambiaria explican por sí solos la brecha de productividad. Lo que la explica, con más fuerza que cualquier otra variable, es el grado real de competencia leal a la que están expuestas las empresas de cada país.
La competencia, no el capital, como motor de la productividad
La tesis más provocadora del libro es que las políticas que protegen a productores locales —regulaciones a medida, subsidios, barreras a la entrada— terminan perjudicando exactamente a los países que dicen proteger, porque sofocan la presión competitiva que obliga a las empresas a volverse más productivas. Lewis defiende que anteponer los intereses del consumidor a los del productor establecido es, contra la intuición proteccionista, el camino más corto hacia el desarrollo.
Para quién es
Para lectores interesados en economía del desarrollo con base empírica más que ideológica, y para quienes siguen el pensamiento de Andreessen sobre crecimiento, tecnología y por qué “construir” es, para él, la respuesta a casi todo.
Por ahora disponible solo en inglés; el enlace lleva a la edición de University of Chicago Press.