La romana
Alberto Moravia · 1947
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Adriana quería ser modelo de pintores; su madre, más práctica, la empuja a otro oficio. Alberto Moravia narra en primera persona, con la voz misma de su protagonista, la historia de una mujer joven que se convierte en prostituta en la Roma fascista sin dejar nunca de buscar, a su manera, algo parecido a la dignidad.
Por qué lo recomienda Mario Vargas Llosa
Vargas Llosa reseñó La romana en La verdad de las mentiras (1990), su libro de ensayos sobre las novelas del siglo XX que más marcaron su formación como lector y narrador. Le interesaba especialmente la decisión narrativa de Moravia: contar la degradación social de Adriana desde su propia voz en primera persona, sin juicio moral externo, de modo que la lectora o el lector queda atrapado en su lógica interna, sus razones y sus contradicciones. Esa capacidad de narrar “desde adentro” un destino que la sociedad condena era, para Vargas Llosa, uno de los grandes logros técnicos de la novela italiana de posguerra.
De qué trata
En la Roma de los años del fascismo, Adriana es una joven de familia humilde que sueña con posar para pintores y, eventualmente, casarse bien. Su madre, que fue lavandera y conoce la dureza de la pobreza, la empuja hacia la prostitución como forma de ascenso social. Adriana acepta ese destino sin melodrama ni autocompasión, y a través de sus amores, sus clientes y su vínculo con un joven antifascista perseguido por el régimen, Moravia construye el retrato de una Italia que se corrompe en todos sus niveles, no solo en el de Adriana.
Dignidad sin moralismo
Lo notable de la novela es que Moravia no convierte a Adriana en víctima pasiva ni en heroína redimida: la deja ser una mujer con deseos propios, capaz de amar y de mentir, que atraviesa la prostitución sin perder una vara interna de decencia que ella misma define. Esa ambigüedad moral, incómoda para la época en que se publicó, es lo que sostiene a la novela siete décadas después.
Para quién es
Para quienes buscan novela social italiana con una protagonista femenina compleja y una prosa directa, sin golpes bajos. Buena puerta de entrada a Moravia.
Edición en español: La romana, Debolsillo (traducción de Francisco Ayala).